El día que el amor cambió los planes.
- Betty Almaraz

- 18 may
- 2 min de lectura
En 1966, el Sr. Wyman Pylan y su esposa Cathy llegaron a la ciudad de Monterrey con un propósito claro: fundar un Instituto Bíblico. Sin embargo, la vida les tenía preparado un llamado diferente, uno que transformaría el destino de miles de niños.
Abrir la puerta a la realidad de una comunidad
Con el paso del tiempo, la cotidianidad del Instituto comenzó a entrelazarse con las duras realidades de las familias regiomontanas. Vecinos de la comunidad empezaron a acercarse al hermano Wyman para compartirle situaciones que les partían el corazón: niños que se quedaban completamente solos todo el día porque sus padres tenían que trabajar jornadas extenuantes y no tenían quién los cuidara.
Movidos por la compasión, Wyman y Cathy abrieron las puertas de su espacio y de su vida, accediendo a recibirlos. Poco después, la emergencia social tocó de nuevo a su puerta con casos aún más difíciles: pequeños que habían quedado desamparados tras la muerte de su madre, sin ningún familiar dispuesto a hacerse cargo de ellos. Una vez más, el hermano Wyman dijo que sí.
De un refugio improvisado a una estructura de protección
El momento de quiebre definitivo llegó el día que llamaron al hermano Wyman para llevarlo a una vivienda de la zona. Al entrar, descubrió una escena desgarradora: un niño permanecía amarrado dentro de la casa. Su madre trabajaba y, en ocasiones, no regresaba en toda la noche; el lazo era la única forma que ella conocía para "protegerlo" de los peligros del exterior mientras no estaba.
Sin dudarlo, el hermano Wyman desató al pequeño y se lo trajo a vivir con ellos. Fue en ese instante cuando entendió que la labor ya no podía ser improvisada; Monterrey necesitaba una Casa Hogar formal.
Para sostener esta misión, comenzó una intensa búsqueda de recursos que lo llevó a conectar con una fundación en Texas. Esta organización aceptó brindar el apoyo financiero con una única condición: que la institución llevara el nombre de su fundador. Así, en 1966, nació legalmente la Fundación John Douglas, A.C., mejor conocida por todos como Casa Hogar Douglas.
El legado ahora nos pertenece
Los años han pasado y las circunstancias han cambiado. Hoy en día, aquella fundación de Texas que nos dio el nombre y el impulso inicial ya no brinda apoyo económico a nuestra institución.
Sin embargo, las necesidades de la infancia en Monterrey no han desaparecido; al contrario, siguen vigentes y urgentes. El escudo de protección que los Pylan levantaron hace 60 años no puede caerse. Hoy, la responsabilidad de que estos niños sigan teniendo un techo seguro, educación, alimentación y un futuro digno no depende de un fondo extranjero: este legado ahora nos pertenece a nosotros, a nuestra comunidad y a cada Aliado del Hogar que decida sumarse.









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