Un puente hacia una nueva vida.
- Montserrat Hernandez
- 26 mar
- 1 Min. de lectura
Hay historias que marcan el corazón. Así fue la llegada de estos dos hermanitos a la Casa Hogar. Venían de vivir situaciones muy difíciles y al principio se mostraban desconfiados, siempre atentos, como si aún necesitaran protegerse del mundo. Desde el primer día permanecieron juntos. El hermano mayor cuidaba al pequeño con mucha ternura. Aunque también era solo un niño, hacía lo que podía para proteger a su hermano menor. Con el paso del tiempo y gracias al acompañamiento diario, ambos comenzaron a sentirse seguros. Poco a poco fueron descubriendo que podían confiar, que había personas que los cuidaban y los querían. El más pequeño era un sol, alegre, cariñoso y nos llenaba de sonrisas. Su hermano, al inicio más reservado y temeroso, fue aprendiendo a aceptar el cariño y también a devolverlo. Después de un año, una familia decidió recibirlos en su hogar. Hoy, esos dos hermanitos están construyendo una vida bonita, rodeados de cuidado y amor. La historia de estos niños me llega al corazón cada vez que la recuerdo. Me ha llevado a pensar que Casa Hogar Douglas no es un destino, sino un puente, un espacio de paso donde se acompaña, se cuida y se repara un poco del dolor vivido. Esperamos que siempre sea así, un lugar que permita que las niñas y los niños que han transitado caminos marcados por el dolor y la inseguridad puedan llegar a una vida más segura, más tranquila y llena de posibilidades.
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